Maratón de Boston, un sueño entre corredores.

 

Indira Romero, written and photo by Frank CasPe

Indira Romero, photo and written by Frank CasPe

Del maratón de Boston se sabe que es el más antiguo del mundo, desde el 2006 forma parte de las seis pruebas de un circuito de competiciones llamado World Marathon Majors,  las otras ciudades que lo conforman son Nueva York, Chicago, Berlín, Londres y Tokio. Para poder participar en él es necesario cumplir con una marca clasificatoria menor a los límites establecidos por la organización y desde 1966 compiten las mujeres. Haciendo de lado el lamentable atentado que manchó de luto la competencia el año pasado, han acontecido grandes hazañas en ella, bueno casi todas, está pendiente la mía.

Era el invierno de 2013, había terminado la temporada de entrenamientos de un equipo al cual pertenecí durante diez meses, varios de mis ex compañeros se habían inscrito como yo al Maratón Lala que se disputaba el marzo próximo, estaba un tanto a la deriva, la mayoría de ellos basaron sus entrenamientos de distintas fuentes, así que para prepararme de la mejor forma decidí ir con un entrenador profesional y él fue quien me dió el plan adecuado, lo demás dependía de disciplina propia.  Levantarse antes de las seis de la mañana en domingo parecería para cualquier otro mortal una tortura y en cierta forma podría serlo, el frío calaba mis huesos, el cansancio provocaba que los párpados cubrieran  los ojos de vez en cuando, esperaba dentro del auto con el clima encendido a que no estuviera tan oscuro, tiritaba, ya había logrado llegar hasta el Parque Metropolitano Bicentenario.   Al fin me decidí,  bajé del coche, realicé mis ejercicios de estiramiento y comencé a correr.

Hoy todo es diferente, mientras los minutos avanzan de manera arbitraria, la luz del sol empezaba a dibujar la forma del camino, mi cuerpo cálido se refresca con el viento  al mismo tiempo  que tomo un respiro. Tengo claro hasta dónde quiero llegar.  Parecería un día más de entrenamiento, a mi lado encuentro rostros conocidos, se debilitan los poderosos y ahora es cuando valoro la satisfacción de concluir las sesiones de trabajo en solitario,  han pasado dos meses y mis piernas están sueltas, fuertes, podría bailar tango al finalizar,  leer “Rayuela” en una noche. Sonreía, esa era yo concluyendo la carrera  porque sabía que había logrado la clasificación a Boston, mi historia estaba por comenzar. Indira Romero, maratonista.


¿Está en tus sueños clasificar a Boston? ¿Cuáles son tus planes para obtener la clasificación?  #BostonMarathon #EntreCorredores

 

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Correr, un buen pretexto para viajar.

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Oscar Peralta, photo and written by Frank CasPe


Hasta ese entonces Oscar llevaba dos maratones en su haber, ambos en Estados Unidos, el primero en Chicago, el segundo en Colorado,  para este año tenía pensado algo distinto, buscó un calendario de competencias mundiales, revisando las fechas apareció en el mapa Islandia, su cumpleaños se celebraría en agosto 23, un día antes de la competición en aquel país, desde aquel momento el país báltico se convirtió en un sueño a seguir,  tal vez la lejanía o la soledad que representaba la inmensidad de sus paisajes fue lo que le atrajo. A pesar de que viajar era otra de sus grandes pasiones, sumar el reto de la preparación física hizo que con esmero cuidara y planificara cada uno de los detalles para lograr su cometido.

Algo que Oscar aprecia de sobre manera  es disfrutar los climas gélidos mientras corre, Reikiavik  no fue la excepción, logró sobrevivir cada kilómetro por debajo de los  cero grados Celsius en pleno verano,  en la soledad del recorrido las hermosas vistas desfilaban frente a él, imprimiendo una imagen distinta a cada sensación vivida.  Tras varios kilómetros un sinfín de pensamientos inundaron su cabeza, recordaba la disciplina y el rigor del entrenamiento, escuchaba dentro de sí la voz de su entrenadora repitiendo las instrucciones que le había dado, al mismo tiempo trataba de visualizar a qué distancia se encontraban sus amigos que lo habían acompañado en esta locura,  y “Tobby” su mascota, ¿estaría bien en su ausencia? No pasa nada, se decía. Sigo adelante. Al cruzar la meta la emoción lo inunda, su mirada y gestos no le dejan mentir, puede lograr lo que quiera en cualquier parte del mundo.

De vuelta en la Ciudad de México, él se encuentra sentado en un bar de la colonia Juárez, pide un whiskey en las rocas. Mientras espera a sus compañeros de viaje para celebrar, ve a un hombre vestido con ropa deportiva corriendo sobre la avenida,  una nueva idea  surge en su cabeza, cuarenta y dos kilómetros ya no le parecen suficientes, siempre se puede más, un ultra maratón quizá.


¿Y a ti,  hasta dónde te ha llevado  el correr? #Viajar #EntreCorredores